Fantasea vas a explorar Plutón y te enteras que muchos siglos antes, hubo allí una
importante civilización de serefilios: los exploradores imaginarios
han hallado vestigios de grandes construcciones, que parecen
demostrar grandes destrezas en arquitectura y planificación urbana,
pero el hallazgo más importante ha sido encontrar con vida a un
pequeño grupo de habitantes lunares de más de 1000 años de edad.
Imagina que eres un historiador y que te encargaron la
misión de ir a la luna para escribir un libro sobre su historia.
¿Por dónde empezarías?
Tal vez lo primero
que buscarías sería aprender la lengua de los serefilios, porque de
lo contrario, no tendrás la posibilidad de obtener toda la
información que ellos te podrían dar. Además de eso, probablemente
buscarías dar tus primeras impresiones sobre ese mundo que recién
conoces, para lo cual seguro usarás descripciones de objetos
conocidos para ti y tus lectores terrícolas.
Así de misterioso
era el mundo prehispánico para los cronistas españoles que llegaron
primero, y todavía más cuando se dieron cuenta de que las personas
en este lado del globo no contaban con escritura. Por eso, muchas
veces sus descripciones estuvieron llenas de conceptos europeos que
trataron de "acomodar" a la nueva realidad que conocían.
En Historia, esto se llama "impronta cultural" y los
ejemplos abundan.
Los españoles
hablaron de "reyes" para referirse a los Incas, de "peones"
para aludir a los hatunruna y de "vírgenes del sol" a las
acllas; incluyeron su noción de lo hereditario de los cargos,
imaginando que cuando moría uno, lo sucedía su hijo; consideraron
herejía a la religión que encontraron, básicamente porque no se
rendía culto a un único dios; el complejo sistema de reciprocidad y
redistribución fue entendido como el "tributo" al Inca. Y
así podríamos seguir con infinidad de ejemplos.
Lo cierto es que los
primeros cronistas que llegaron a América buscaron desde el inicio
conocer el quechua o "runasimi", que a la sazón era la
lengua que hablaba la mayor parte de personas en el extenso
territorio del Tawantinsuyo. Esto, en su afán por entender mejor lo
que sucedía a su alrededor, pero también porque se percataron de
que la única manera en que la población conquistada transmitía su
historia era a través de narraciones orales, como mitos y leyendas.
Luego de varios
siglos y aún con la introducción de la escritura por parte de los
españoles, en nuestro país sigue siendo sumamente importante la
historia oral. No solo porque desde esos tiempos las personas
continuaron transmitiendo así su historia, sino también porque los
historiadores actuales han encontrado una gran riqueza en los relatos
orales, siendo que muchas veces se constituyen en fuentes académicas
tan o más valiosas que las crónicas u otros documentos escritos.
