miércoles, 17 de julio de 2013

MULTICULTURALIDAD O MUNDIALIZACIÓN

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b>EDUCACIÓN, MULTICULTURALIDAD O MUNDIALIZACIÓN

El proceso de la globalización conlleva a la mundialización; es decir a la tendencia progresiva de eliminación de fronteras financieras y a una progresiva integración de mercados financieros mundiales. El impacto de esta internacionalización de los procesos económicos, tiene implicaciones sociales y fenómenos político-culturales importantes. Lleva consigo una tendencia hacia la eliminación de: fronteras, diferencias étnicas, credos religiosos, ideologías políticas, condiciones socio-económicas o culturales, entre los países y bloques económicos, esto es: un proceso homogeneizador a escala planetaria de cambios mundiales.

Los procesos económicos, sociales, políticos, culturales y ambientales de índole mundial y los de índole nacional o regional interactúan constantemente. Más allá de los avances sectoriales, nos encontramos con sociedades más pobres y desiguales. Esta situación se agrava si tenemos en cuenta que en los últimos años se desataron procesos recesivos que colocaron a las sociedades periféricas de América Latina, en situaciones de fragilidad y que en el campo político se reflejaron en el debilitamiento de las bases de legitimidad.
Esta serie de cambios está dejando sus huellas en la dinámica social y política y ha favorecido un aumento de las desigualdades, tanto a nivel global como en el interior de las sociedades.

Entre las consecuencias de éstos cambios debemos destacar la ruptura de los modos tradicionales de integración social. Observamos una serie de fenómenos que denotan una crisis aguda del vínculo social. Entre esos fenómenos cabe mencionar el desarraigo que provocan las migraciones y el rápido abandono del medio rural, la dispersión de las familias, la urbanización desordenada o la ruptura de los modos tradicionales de solidaridad basados en la proximidad.

Ante la amenaza de que la globalización borre las diferencias entre individuos y culturas y opaque las singularidades, empobreciendo en consecuencia las diversas configuraciones simbólicas que expresan las diferentes posibilidades de ser y estar en el mundo, la cuestión de las identidades ha cobrado un nuevo impulso; han buscado reforzar su presencia bajo la incursión de la multiculturalidad, del ejercicio de la diferencia, del derecho al conocimiento del otro, con todo lo que eso significa.

No obstante la multiculturalidad no puede quedarse en la afirmación de la diferencia, ni reducirse a fórmulas esencialistas que huyan de las modificaciones temporales y se refugien en el enaltecimiento de una sola cultura. La imposibilidad de generar una identificación positiva colectiva conlleva el riesgo de provocar la aparición de antimovimientos que, construyan su identidad a partir de la negación de la identidad de los otros.

La identidad cultural no puede ser reducida a un depósito inviolable alejado de cualquier contacto contaminante con lo distinto, con lo otro. La multiculturalidad necesita insertarse en una perspectiva más amplia que, promueva y potencie su comunicación y su intercambio; su apertura y su hibridación. Se trata de apostar por el sostenimiento de la singularidad cultural, de las diversidades nacionales, locales y regionales, dentro de un diálogo entre las culturas, creando un horizonte común a partir del cual se pueda diseñar una cobertura más acorde con nuestras necesidades. En otras palabras, para la realización de estos objetivos es necesario concretar el pasaje del multiculturalismo al interculturalismo, poniendo en juego la identidad construida por los mismos actores en base a los materiales culturales de los que disponen.
RLG13